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ENTREVISTA CON EL ESCRITOR ARGENTINO ALBERTO LAISECA
Algunas formas de la esperanzaEscribe Martín Riva
1. Cuba y los sistemas de gobierno
—La parte que a mí me interesaría saber es (usted me contaba y yo leí varias entrevistas): su relación con Cuba. ¿Por qué lo atrae Cuba? (Al mismo tiempo me pregunto a mí, ¿por qué me atrae Cuba?)
—Hay varias cosas. Es largo de contar, pero bueno, vamos a ver si podemos sintetizarlo. Yo toda la vida odié al bolchevismo, y lo sigo odiando. Pienso que distorsionaron todo; entre otras cosas el socialismo. Entonces, el bolchevismo, para lo único que sirvió es para alejarlo a uno del socialismo. Luego de la caída de la Unión Soviética, todo se volvió más claro. Y la necesidad del auténtico socialismo se echa en falta. Entonces, pese a que yo odié al comunismo de Cuba durante toda mi vida, después del 91 empecé a acercarme a él; no al comunismo, pero sí a la independencia cubana, y a las cosas buenas que están haciendo. Aunque hagan muchas cosas malas, hacen muchas cosas buenas que a mí me interesan. Acá, en Argentina, hemos tenido recortes y recortes y recortes (exigencia del Fondo Monetario Internacional). Los primeros en sentir los recortes son: la salud, la educación (la educación de todos, la salud de los pobres, que no se pueden pagar algo privado), la investigación científica. Tuvimos científicos de primera agua aquí, como Sadosky, Rebeca de Guber, Babini (José Babini), que fueron los que primero, a fuerza de pulmón, hicieron la primera computadora argentina. Empezaron a perseguirlos, a echarlos, con una excusa o con otra. Finalmente nos quedamos sin investigación científica; ya empezó en la época de Onganía, y después siguió y siguió y siguió. Maradona no es santo de mi devoción (no importa por qué). Pero de todas maneras, él dijo una cosa que me parece muy importante, y a la cual yo adhiero. Dijo Maradona: "Cuando yo estuve en Cuba, a ningún niño he visto descalzo o vestido con harapos, como sí he visto en mi país". Sabe qué, en eso tiene razón. Yo, cuando estuve en Cuba, invitado por Casa de las Américas (no es que me llevaban adonde querían, sino que yo me escapaba), me metía por lugarcitos... eran todos negros en los bares adonde yo me iba a leer mis trabajos, para lo que había sido convocado ahí, a Cuba. Me tomaba una cervecita cubana, un ron, así, junto con el pueblo. Eran todos negros; yo era el único blanco. Si más cubano no se puede ser. Ahí no había mentira. Comían su sanguchito, tomaban su cervecita. Me asomaba a la ventana; veía pasar a los niños cubanos. No va a pensar que el gobierno ponía esos niños para Alberto Laiseca, que es tan importante, ¿verdad? Pero niños todos bien calzados, todos bien vestidos, como dice Maradona. Pero eso es cierto. Pero yo no voy a negar lo que es verdad, señor mío. Por otra parte, ahí, en la vieja Cuba, había toda una cosa, una corrupción muy grande con el amigo Batista, y todo lo otro, ¿no?: el paraíso de los gángsters, y toda la vaina. A mí me parece muy horrible la Cuba anterior. Con la Cuba que vino después tampoco estaba de acuerdo yo, y sigo sin estar de acuerdo. Pero al lado de lo que puede llegar a ser, de lo que son nuestros países, que están bajo la pata del Fondo Monetario Internacional. Fíjese que ni siquiera digo: "bajo la pata del capitalismo". Estoy diciendo: "bajo la pata del Fondo Monetario". Porque el Fondo Monetario es una aberración hasta para los mismos capitalistas; también a ellos les va a cagar la vida. Porque el capitalismo esencial se basaba en la producción, y acá se basa simplemente en el saqueo, en el robo de los otros pueblos. Y eso se está notando ya en la economía de los Estados Unidos. Ellos están, cada vez, produciendo menos. Aunque la economía norteamericana aún es fuerte, cada vez tienen más déficit y más problemas, porque están confiando en el Fondo: que el Fondo les va a traer, de nuestros países pobres, riquezas para enjuagar sus déficits. Y eso es anticapitalista, o sea como que ni siquiera los capitalistas ya son capitalistas, porque ahora están dominados también ellos por la idea del Fondo; que los beneficia hoy, y los va a perjudicar mañana. Y a nosotros nos ha perjudicado todo el tiempo. En ese sentido me he acercado a Cuba, ¿no? Sigo siendo anticomunista, sigo siendo un anticomunista, que apoya a Cuba, porque esa es la vaina. Porque así de contradictorio es todo hoy. No me gusta ser contradictorio; me molesta mucho. Pero no tengo más remedio. Mientras exista esa mierda del Fondo Monetario Internacional, que es enemigo hasta del propio capitalismo, pues, uno, como ciudadano, entra en contradicciones, ¿no?, que no se pueden evitar.
—La contradicción nace de la imposibilidad de poder elegir algo que a uno le guste.
—Claro querido, seguro; usted lo ha dicho.
—¿Pareciera como que el capitalismo está condicionado para el fracaso, hoy en día?
—En realidad todos los sistemas están condenados al fracaso; lo sabemos ya desde Sumer, Acadia, Babilonia, el Imperio Asirio, los romanos. Doce años gobernaron, imperaron los espartanos en Grecia, y después cayeron. Atenas duró mucho más; después también cagó fuego. Cometieron errores muy serios. No se trata del fracaso. Todos contenemos el fracaso en definitiva, y siempre vendrá la muerte. Para los sistemas o para las personas consideradas individualmente. Pero hay maneras y maneras de fracasar. Se pueden postergar las caídas y los fracasos. Si bien todo muta, todo pasa, nada puede quedar, eternamente, porque no pertenece a la naturaleza humana ni al universo (el perdurar), sí pueden lograrse postergaciones muy interesantes, muy importantes. Pero podríamos tener capitalismo, pero un capitalismo mucho más potable y humano. Eso sí podría tenerse. Y duraría mucho más. Si invade totalmente al pedo al pueblo de Irak (como se hizo), y cosas por el estilo, pues entonces se está acelerando el fin. George Bush se creía muy poderoso, y miren: empiezan a tener bajas todos los días, ahí, en Irak. Uno no puede hacer lo que quiere, porque el mundo es una máquina, ontológica, tan compleja, que siempre te sale el tiro por la culata si querés hacerte el imperial. Los propios romanos, que creían que podían hacer lo que querían, finalmente cagaron fuego, por su crueldad inútil. Ellos produjeron las rebeliones de esclavos, primero; el cristianismo, después, que se los comió; finalmente vinieron los bárbaros, y los tragaron. Todo, ¿por qué? Por la soberbia de creerse los únicos y los poderosos. Y así es como después te traga la historia.
—Usted decía una vez, que su obra está muy relacionada con el poder?
—Yo no estoy en contra del poder. El poder es necesario. Sino en cómo usarlo al poder. Ese es el gran estudio, y creo que ese es el gran problema eterno, desde la época de los antiguos egipcios, ¿no?, hasta hoy. Casi diría de la protohistoria, hasta hoy; los albores de la historia, hasta hoy, ¿no es cierto?
2. Paciencias
Hablábamos sobre la paciencia que debe tener todo escritor. Entonces, Laiseca me dijo: "Una paciencia de chino. Una paciencia de chino hay que tener. Cuando uno empieza en estas jodas de la literatura, cree que hay que tener paciencia para ser un gran escritor. Esa es la gran paciencia. ¡Está equivocado! Esa es sólo la primera paciencia. Después viene la segunda: que te publiquen. Y después viene la tercera paciencia, que es en la cual estoy todavía: que te reconozcan tu obra, ¿por qué no?, internacionalmente. En esa tercera paciencia, todavía estoy."
3. Cuentos de terror
A propósito de su programa de televisión, donde narra cuentos de terror, le pregunté si ya estaba cerca de la literatura de terror, o si se acercó para ese trabajo. A lo cual me respondió que sí; que durante toda su vida estuvo cerca, no sólo de la literatura de terror, sino, también, del cine de terror. Ejemplificó su gusto por el cine de terror con estos nombres: Christopher Lee, Peter Cushing, Vincent Price, Natán Pinzón, Peter Lorre, Bella Lugosi, Lon Chaney.
Luego le dije:
—¿Qué fue lo que le produjo, a favor, trabajar en el programa de televisión?
—Muchas cosas, muchas cosas. Me volvieron las ganas de escribir, por ejemplo. La respuesta de la gente. Yo estaba muy apaleado; estilo perro apaleado. Por muchas razones; no sólo literarias, sino personales. Y de repente el programa de I-Sat me levantó el espíritu. Gente desconocida, de pronto, que me detiene en la calle, me felicita, como me ha pasado (varias veces). Y gente conocida que me ve... conocidos que me dicen: "Che, hablé con alguien. No te conoce, pero dice: ´Ah... vos sos amigo del escritor. Yo lo vi en televisión´". Todo eso potencia.
—Pero siempre lo que importa es su obra de literatura.
—Sí... mi obra de literatura, pero esto también me importa. Es un nuevo medio de expresión para mí: es una expresión actoral. Hasta que uno no la hace, no sabe que la tiene en realidad, o que es capaz de hacerla.
—Yo, mientras miraba el programa, el otro día, pensaba que una de las razones que lo motivaron, tal vez, a hacer eso, fue que la gente ya no lee.
—Todo coincide, sí; todo coincide. La gente ya no lee, pero por lo menos escucha.
—Y usted vendría a cumplir el papel del narrador.
—Sí. Esa es una idea que tuvo una mujer que me hizo un reportaje muy lindo para una revista. Tiene razón. Sí. En la Edad Media era lo único que se hacía, pues la gente no sabía leer. Había muy pocos libros; estaban encadenados a las paredes, como digo yo en ese reportaje. Y ahora un poco como si no supiéramos leer de nuevo; otra vez no se lee como si no supiéramos leer.
—Entonces hay que salir a...
—Salir a contar. Y quién te dice, a lo mejor, a causa de eso, por ahí, la gente se decida a volver a leer.
—No hay duda.
—Claro; esa es la vaina.
—Como para finalizar, le quería preguntar si usted cree...
—Y otra cosa más... Me preguntaste cuántos valores había tenido el programa para mí. Otro más: yo, curiosamente, no sé por qué, yo que he amado desde niño el género de terror... mi fantasía siempre se puso por otros lados. Muy rara vez he tocado el terror. Y ahora con la inspiración de I-Sat, se me empiezan a ocurrir historias de terror y cositas... Los cuentos de la negra Tomasa (esos que me están pasando por I-Sat, que son míos), los saqué, justo ahí, como inspirado por esta vaina.
4. Intelectuales y sociedad
—¿Usted cree que el intelectual (de hecho lo debe creer) debe cumplir alguna función social?
—Y sí... La idea es cambiar el mundo, y cambiarlo para bien, supongo.
—Y hoy en día no se toma en cuenta eso.
—No. Y desgraciadamente hace ya mucho tiempo, hace ya mucho, mucho tiempo, que los intelectuales más valorados son los más nihilistas. Hay mucho dolor y cosas horribles en mi vida, y en el mundo se ven cosas que llevan a uno al nihilismo. Pero eso uno no se lo puede permitir. Porque ser nihilista es tomar fotos de la realidad, pero fotos realistas, no fotos creadoras. Entonces, uno debe ser un verdadero fotógrafo: crear en lo que fotografía. Crear: dar una cosa que no estaba antes, ¿entiende? Dar esperanza; dar esperanza. Se han olvidado de esa virtud teologal: de la esperanza. Que es muy importante. Por ejemplo: no cabe la menor duda que una obra de teatro como Esperando a Godot, es una obra genial. Soy el primero en reconocerlo. Pero es una obra muy jodida; es una obra nihilista. Es lo que le gusta a la gente; a mí no me gusta el nihilismo. Reconozco el genio de Beckett, y otros tipos por el estilo. Pero me hinchan las pelotas con esas cosas. Es confirmar... como si uno diera más todavía de lo que ya hay. Para eso mejor quedarnos en casa; nos vamos a Balcarce, empezamos a trabajar en la papa, nos olvidamos de todo; yo me vuelvo a mi pueblo, trabajo la tierra, como hacen muchos amigos míos en mi pueblo. Bueno, está muy bien eso, pero, si uno tenía un propósito intelectual, de cambiar algo, cambiar algo, entonces no puede agregar más cosas a las que ya hay. El nihilismo es una sustancia, es un gas y un líquido corrosivo. Para lo único que sirve es para joder ontológicamente a la gente. No puede uno permitírselo como intelectual; no se lo puede permitir. No importa cuántas sean las tentaciones que se nos ofrezcan para caer en el nihilismo. Es preferible, escúcheme, callarse la boca. Durante un año y nueve meses yo estaba para la mierda; hace muy poco. No escribía. Bueno, no escribía para no escribir cosas nihilistas.
—Yo pensaba que pareciera como que siempre los grandes escritores y las personas que se preocuparon por algún tipo de cambio, han tenido que sufrir la soledad.
—Ah... seguro.
—¿Usted, ahora, la está sufriendo, junto con otros intelectuales? ¿Usted se siente aislado de otra gente?
—Las cosas nunca vienen solas m´hijo. Nunca hay aislamiento de una cosa. Hay aislamientos de los afectos, aislamientos ontológicos, filosóficos, de muchas clases. Y suelen venir todos juntos, por paquetes astrológicos. Estamos peleando para tratar de eliminar el aislamiento. Y, ¿quiere que le dé un secreto, que tiene que ver con lo que le dije antes? Si logra en un sector, es porque lo logró romper al bloqueo en todos los lados al mismo tiempo. Porque solamente así se rompen en serio los bloqueos. Siempre por paquetes astrológicos completos. O es: ¡sí! O es: ¡no! Pero siempre: ¡absoluto, y paquete completo!.
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ENTREVISTA CON EL ESCRITOR ARGENTINO RODOLFO FOGWILL
La imagen y la realidad
1. Escribir, leer, vivir
—Lo primero que le quería preguntar era: ¿qué hay de cierto en que usted primero empezó como sociólogo, y después como escritor?
—Bueno, hubo más etapas. Sí, todo es cierto. Todo es cierto. Punto.
—Como escritor, ¿a qué edad empezó?
—Yo escribía; en ratos libres. Para creérmelo más o menos en serio, a los 38... ¿A ver? ... 38 ponele, sí. 37.
—¿Ya era sociólogo?
—¡Sí, claro! Era sociólogo a los 25 años, 24 años.
—¿Ahí fue cuando ganó el concurso y empezó a escribir?
—Más o menos sí, sí.
—Por lo tanto, ¿puede ser que su obra esté muy relacionada con la parte de sociología, del análisis del comportamiento social de la gente?
—Sí, pero para hacer ese análisis no hay que ser sociólogo, por supuesto, ¿no?
—Sí, sí, desde ya.
—Además, ser sociólogo no habilita para escribir bien.
—Dos o tres cosas sobre su obra (lateral) y después yo le quiero preguntar algo. ¿Todos sus libros están dedicados a alguien?
—No.
—Porque yo noté que la mayoría están dedicados a alguien.
—Creo que no, creo que no. Ni me fijé. Ni me acuerdo a quién dediqué... Sí me acuerdo a quién dediqué, pero no me acuerdo qué les dediqué.
—¿Y todos son en sentido afectivo o alguno en una cuestión de burla?
—No, no. Ni afectivo... burla seguro que no. No sé si es afectivo. A veces son reconocimientos por algo; hay libros que si no estuvieran dedicados... hay tipos que si no les hubiera dedicado...
—[Comienzo a leer las tres dedicatorias de cada uno de los poemas del libro Lo Dado.] ¿Federico Monjeau, por ejemplo?
—Por admiración a su sensibilidad musical. Es un crítico musical.
—¿Silvio Mattoni?
—Por admiración a su poesía. Poeta cordobés. ¿Ves? Ni me acuerdo de eso.
—¿Martín Gambarotta?
—Por admiración por su poesía. Poeta porteño.
—¿Qué tipos de autores lee?
—Yo qué sé; lo que me interesa; no sé.
—Algún autor, algún nombre, algún título.
—¿Tipos? No tengo tipos.
—No: el sentido de tipo como nombre, digo yo.
—Ah... ¿tipo como nombre? Tipo Borges, tipo Canetti, tipo Kafka, tipo Bolaño, tipo Aira, tipo Hegel, tipo Dante Alighieri, tipo... hay mil... No sé. Cada uno es un autor, ¿no?, por alguna razón o por otra.
—Si bien es cierto que usted es una persona frontal (la mayoría de las veces que yo lo he leído en entrevistas), yo noto en su obra un deseo de cambio y de afecto a que la sociedad mejore, ¿puede ser?
—Es difícil esa... No tiene nada que ver con el afecto, no tiene nada que ver con el afecto. Tiene que ver con la estética. Lo antiestético de la formación social me molesta, como sería lo antiestético de una frase, ¿no?; la fealdad de una frase. La sociedad es un texto mal redactado.
—¿De ahí la crítica y la parodia constante?
—Podría ser eso, sí. No quiero decir que se pueda escribir perfectamente lo social, pero se podría corregir. Yo no creo... no tengo utopías de mundos mejores, ni por joda.
—Pero hay momentos y círculos donde uno se puede encontrar más cómodo.
—Claro... ponele, sí.
—Y usted, ¿tiene esos círculos o no los tiene?
—¡No! No... La camita; en la camita estoy mejor; me escapo; me tapo, me bajo la gorra... me bajo la gorrita y chau.
—¿Por lo tanto usted escribe para desahogarse?
—No; no me ahogo.
—¿No se ahoga?
—No.
—¿Por qué siente que escribe, aparte de la cuestión estética (que no es poco)? ¿Por qué siente que escribe, además de la cuestión estética, si es que hay otra cuestión?
—Porque no me salen otras cosas... yo qué sé. No me salen. Si en el mismo tiempo de escribir pudiera producir más guita, produciría más guita; si pudiese (yo qué sé) pintar, pintaría.
—La parte económica, a usted, ¿le influye en la escritura?
—Sí, seguro que sí. Seguro que sí; el que dice que no es un mentiroso.
—¿Se puede saber de qué vive hoy en día?
—Sí. Vivo de hacer asesoramientos a empresas; marketing, publicidad. Esas taradeces.
—¿Usted tiene una editorial?
—No. Tuve, una vez, una vez; una vez puse una... sí.
—¿Y que pasó?
—Edité los libros que quería editar y chau, se acabó.
2. Convenciones
—¿Usted valora su obra?
—Sí, sí, sí; más que mis críticos. Sí, seguro.
—¿Y cree que va a tener una relevancia posterior: no a nivel fama sino a nivel prestigio?
—Supongo que sí; algo va a pasar. No va a ser, digamos, no va a ser Shakespeare ni Sócrates, pero bueno...
—Y si tuviera que decir: bueno: de todos los géneros que trabajé y de todos los libros, ¿cuál le parece a usted que va a tener mayor posibilidad de acercarse al prestigio o a la relevancia, posterior a su vida?
—Eso va a depender de las convenciones; hay convenciones. A mí, generalmente, los libros que más me gustan de distintos autores, no son los clásicos de ellos. Todo dependerá del gusto de la gente, de la convención, de la propaganda; al final esta cosa la define el mercado editorial.
—Pero siempre hay sectores donde el mercado editorial no puede entrar; el caso suyo, el caso Laiseca, que lee a Sinuhé, el egipcio [Mika Waltari], el caso Piglia o Saer, que leen a Macedonio cuando todo el mundo habla de Borges. ¿Usted no cree que hay gente que está como aislada del mercado por un momento, por ejemplo usted?
—Macedonio es un invento de Borges, ¿no?
—¿Le parece, realmente, eso?
—¡Sí! Sí; sin Borges no existiría Macedonio ni se hablaría de Macedonio.
—En eso estoy de acuerdo. Pero la obra en sí, más allá de la propaganda que le hizo Borges, ¿usted la lee (la de Macedonio), o no?
—No, no. Lo leí una vez; compré la obra completa; me la leí rápidamente; no me gustó nada y entonces la tiré.
3. Mallarmé
—Yo creo que el poema "Lo Dado", no el libro todo tal vez (a mí me gusta todo el libro), pero el poema "Lo Dado" es excelente.
—Puede ser, es posible, está más depurado. Yo no diría que es una gran obra o no es una gran obra. Igual no sé...
—La cita de Mallarmé es un punto de partida: ¿por qué la eligió?
—Porque es un clásico de la literatura, ¿no?
—En el libro de Mallarmé Una tirada de dados, ¿qué lee en él, qué es lo que nota?
—Para mí... Lo que más me gustó de Mallarmé no es el Golpe de dados. El Golpe de dados es un ejercicio, es un ejercicio enigmático en el que cada uno lee, lo descifra a su manera.
—¿Una de esas maneras sería su poema?
—Sí. Sí. Lo que pasa es que el concepto de azar que tenía Mallarmé por ahí no es el mismo que el que tengo yo.
—Ni tampoco la visión de la sociedad que él tenía.
—No sé... Era muy sabio Mallarmé; era muy sabio, no sé.
—Pero usted tiene a Mallarmé para aprender y es otra sociedad, también, la francesa de la nuestra.
—Sí, bueno, pero él estaba más allá de la sociedad local, francesa; él era culturalmente más un escritor inglés, a pesar de que su poesía es muy francesa. Su especialidad era la literatura inglesa.
4. Sociología
—¿Por qué dejó de dar clases?
—La primera vez dejé porque me echaron, en el 66.
—¿De acá, de Buenos Aires, de la UBA?
—Sí. La segunda vez fue porque me echaron de otra manera. Me hicieron la... La reconstrucción de la universidad bajo la democracia fue un... la transformó en un caos absoluto; no se podía dar clases, siempre había huelga, despelote, desorden, faltaban elementos. Era un lugar para no pensar. Y a mí, si me interesaba eso, me interesaba pensar.
—¿Y hoy en día volvería a dar clases?
—No. Ni en pedo.
—¿Por qué no?
—Porque es un desgaste muy grande, un desgaste muy grande. Dar clases, para mí, significaba 12 horas de laburo diario, ¿entiende?
—Sí, es mucho tiempo. Y aparte no hay crédito económico.
—Ah... por supuesto... ¡No!, ¡no! Pero si hubiera plata tampoco. Si a mí me dijeran: "La plata que precisás para vivir mensualmente, te la damos a cambio de que enseñes". Y... yo diría: "No tengo nada que enseñar".
—¿Ya no?
—No. Nunca tuve nada.
—¿A nivel sociológico?
—Nada. A ningún nivel.
—Nosotros no pensamos que es así.
—No; no, en serio. Lo que puedo decir, está en los libros.
—Sí, sí. Cada uno toma lo que quiere y listo.
—Se lee.
—La parte lectura de sociología... la literatura también forma parte... pero ensayos de sociología: ¿qué autores lee o ha leído?, ¿qué le ha gustado?
—Yo no leo prácticamente; no, no leo. No leo.
—Alguien que está de moda desde que salió, que es Sebreli, ¿qué respeto le tiene?
—¡No! Pero es un idiota ése, es un mentiroso, es cualquier cosa.
—¿No le parece que...?
—¡Nooo!
—¿Qué habría que leer?
—No sé; que cada uno lea... Que lean Sebreli, que lean Sebreli. Mucha gente que empezó leyendo Sebreli terminó entendiendo algo de algo.
—¿Y la psicología? La sociología es una cuestión general. La psicología como individuo... analizar el individuo, ¿le parece a usted que tiene algún valor?
—Seguramente, sí. Seguramente.
5. Imagen
—¿Puede ser que usted quiera, de a poco, ir ocupando un espacio importante en la literatura, pero no de fama, sino de prestigio?
—No; lo que pasa es que yo trato de cuidar mi imagen en un sentido: trato de no estar en el charco de los tipos que están en el mundito del mercado literario; yo trato de eludirlo. Esos que siempre están con el gobierno, ¿no?, siempre están con los dueños de las editoriales, van a las presentaciones, ¿no? Tipos que van a los encuentros, reuniones, congresitos. Yo trato de eludir eso. Más bien para cuidarme estéticamente. Yo trataría de que mi vida tuviera una armonía narrativa más o menos razonable. Por eso eludo los malos relatos, eludo estropear el relato con disonancias, alteraciones, rimas malas, papelones.
—¿Es preferible que alguien crea que usted es agresivo, a que piense que usted está con el poder de las editoriales o el poder del gobierno?
—Claro... ¡No! ¡Pará! Que yo por dinero me iría con Kirchner, obviamente.
—No le creo, discúlpeme que le diga.
—¡Noo!, por 150.000 dólares...
—Ah... pero eso...
—Me voy con Kirchner, sí, seguro.
—(¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!) Por un rato.
—No, no. Me quedo hasta el último momento...
—(¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!)
—Hasta que empiezan a caer las balas sobre la Rosada y me escape. No, claro... sí, sí. Por 100.000... 150.000.
—150.000... ¿dólares?
—Dólares, sí.
—Está bien. Son 500.000 pesos. Está bien, es plata. Lo entiendo. Está bien.
—Kirchner, Menem, Duhalde...
—Quien sea...
—López Murphy (yo qué sé), D´Elía.
—(¡Ja! ¡Ja!)
—En serio, cualquiera, cualquiera. Altamira...
—¿Altamira? No creo que le saqués un mango. ¿Tendrá plata?
—Tiene...
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CAPÍTULOS DE UN ENSAYO SOBRE Y A PARTIR DE LA NOVELA Los sorias DE ALBERTO LAISECA
Los sorias1. Fechas
Suele decirse que Alberto Laiseca demoró 10 años en escribir su novela Los sorias. Ahora bien, esta cifra sólo hace referencia a una parte de la escritura, es decir, a la escritura propiamente dicha: desde comenzado el escrito hasta su conclusión, en el año 1982. Pero no se tiene en cuenta que antes de esta versión, que fue la publicada, hubo tres más, que han sido destruidas por el propio Laiseca pues no lo satisfacían. Además, como dije, la escritura tiene varias etapas, y no todas pueden contabilizarse en tiempo; una de esas etapas es la vida del autor junto a esa idea, que luego será una obra. ¿Cuándo se le ocurre a un escritor una idea por primera vez? Es imposible saberlo con precisión, al menos por ahora. Tampoco es posible rastrear con certeza el momento en que algo nos influye en el inconsciente, ni lograrlo con respecto a la influencia de los factores genéticos y culturales. Por eso, creo que lo recomendable es hablar de la fecha de conclusión y de la fecha de publicación, y no de la demora verdadera de un proceso literario.
Sobre la publicación de la novela, sólo diré que se hizo posible, recién en 1998, con la ayuda de César Aira, que fue quien la recomendó a la editorial. (Más o menos, por esos meses, Aira estaba editando en Simurg, sello editorial que terminó publicando la novela.) El análisis de esta demora, por no tratarse de un hecho aislado, sino que ha pasado muchas veces algo idéntico o similar, lo dejaré para otro trabajo, donde analizaré este y otros aspectos.
2. La utilización del poder
Los sorias, como todas las obras maestras de la literatura, puede ser leída de muchas y distintas perspectivas, o desde la misma perspectiva pero de diferentes maneras. Esto no siempre tiene que llevar a contradicciones, y mucho menos a la exclusión de otras lecturas, aunque a veces ocurre. La pluralidad interpretativa es una característica de las obras maestras y de las obras clásicas, y Los sorias es una obra maestra, se convierta o no, con los años, en un clásico de la literatura universal.
La perspectiva que ahora abordaré es la perspectiva del poder. La obra de Laiseca, en su conjunto, está relacionada con el poder, pero aquí sólo hablaré de Los sorias, salvo que considere necesario abordar otra parte de la obra de Laiseca.
Entre otras cosas, Los sorias es una novela sobre el poder y la utilización del poder. Los dos primeros capítulos, titulados respectivamente, "Los enemigos de pieza" y "El discurso", marcan el tema del poder (que se desarrolla durante la novela) y sus extremos: el poder en la vida cotidiana, que podríamos llamar mínimo (Personaje Iseka y su relación con los enemigos de pieza), y el poder en el gobierno de un Estado, que podríamos llamar máximo (Monitor Iseka y su comportamiento como dictador). Es cierto que existen, en la novela, y fuera de la novela, otras formas máximas y mínimas del poder, y entre ellas sus graduaciones. La novela nos muestra que el poder, en cualquiera de sus formas y medidas, no es un enemigo en sí, fuerte y cruel como suele verse a los poderosos, sino que el poder está diseminado por el universo, y deja de ser un enemigo para transformarse en un medio, ya sea para la libertad o la opresión, nuestra o ajena, de un hombre, de pocos, o de todos los hombres.
3. La visión del universo
La visión del mundo y del universo que expresa Laiseca en Los sorias es la misma que la de otros autores, como Dostoievski, Joyce o Kafka: el mundo resulta opresivo, no sólo para un individuo con intereses distintos a la gran mayoría, sino, también, para la propia mayoría, que oprime a las minorías, o deja que se las oprima, pero que a su vez se oprime (reprime) a sí misma. Ahora bien: si todos estos autores están de acuerdo en que el mundo y el universo son opresivos, la respuesta a esta opresión varía según el caso. Kafka, en El proceso, nos deja la imagen de que es imposible deshacerse de la opresión, y que la única variante es el aislamiento, cosa no menos trágica. Joyce, por su parte, en el Ulises, se burla de cada uno de los personajes y de ciertas situaciones, mostrando que vivir un día en Dublín, hacia principios del siglo XX, equivale a los años de regreso de Odiseo a Ítaca, y su posterior lucha y triunfo con los pretendientes de su esposa, Penélope, cantada por Homero en la Odisea. (La libertad final de Odiseo no nos hace olvidar la opresión anterior.) Además, Joyce, también se burla de escritores y lectores, pues cada capítulo ridiculiza ciertas maneras de escribir y leer. Recuérdese que cada capítulo de la novela está escrito con un estilo distinto. Pienso que suele obsesionar a muchos esta característica del Ulises, pero me parece que no tienen en cuenta que se trata de otra forma de ahondar la burla o parodia.
Por último, quiero hablar de Dostoievski. En Crimen y castigo, luego de haber narrado el mundo opresivo donde vive Raskólnikov, Dostoievski finaliza la novela con esperanza, pero no la esperanza estúpida de creer que todo saldrá bien porque sí, sino que existe la posibilidad coherente de que Raskólnikov y Sonia sean libres o felices. Transcribo el último párrafo de Crimen y castigo: "Pero aquí ya empieza una nueva historia, la historia de la gradual renovación de un hombre, la historia de su tránsito progresivo de un mundo a otro, de su conocimiento con otra realidad nueva, totalmente ignorada hasta allí. Esto podrá constituir el tema de un nuevo relato..., pero nuestra presente narración termina aquí."
El final de Crimen y castigo plantea la posibilidad coherente de desarrollarse y lograr la libertad en un mundo opresivo (y no estoy refiriéndome a la supuesta salida de Raskólnikov de la cárcel). Los sorias comienza desde una posibilidad de este tipo: el hecho de que Personaje Iseka abandona a los sorias y se va junto a los tecnócratas.
Luego hablaré de cómo se hace realidad esta esperanza de desarrollarse, de ser libre en un mundo opresivo.
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CAPÍTULOS DE UN ENSAYO SOBRE Y A PARTIR DEL POEMARIO Lo Dado DE RODOLFO FOGWILL
Lo DadoEscribe Martín Riva1. Tres poemas
El libro Lo Dado de Rodolfo Fogwill tiene el subtítulo de Tres poemas, no incluido en la portada. Esos tres poemas son: "Contra el Cristal de la Pecera de Acuario" (1999), "Lo Dado" (también de 1999), y "El Antes de los Monstruito: Acto para Voces Representadas" (1998). Pero: más allá del subtítulo, ¿es un solo poema dividido en partes o son poemas independientes? Pareciera que esto último, pues están fechados y dedicados independientemente (cada uno a una persona distinta), y, además, el segundo lleva al principio una cita literal del tercero.
Pienso que el hecho de que el segundo poema lleve una cita del tercero, indica que Fogwill quiere señalar una relación entre ellos; entonces, se trataría de tres poemas independientes. Creo que la duda surgió a partir de la unidad que hay entre los poemas, llevándome a pensar que tal vez se trataba de un solo poema con un subtítulo engañoso, dado que en ellos está presente la ironía. Fogwill (luego de que yo haya bosquejado este capítulo) me dijo, mientras le hacía una entrevista, que primero trabajó independientemente los poemas, pero que los procesó juntos para editarlos en un solo libro; es decir, había, por parte de Fogwill, un deseo de lograr una unidad.
Yo utilizo la edición de Paradiso, Buenos Aires, abril de 2001. El orden que les doy a los poemas es el mismo con el que aparecen en el libro.
2. Unidad en la forma y en el fondo
La unidad del libro Lo Dado está presente tanto en la forma como en el fondo; en la forma, pues cada poema está escrito con un estilo deliberadamente distinto; en el fondo, pues el libro puede leerse como una sola cosa, por ejemplo: el libro Lo Dado es una representación paródica, y no idéntica, de la sociedad capitalista en la que vivimos en muchos países. En esta parodia (que ha sido buscada) hay mucho de burla, pero también de queja, análisis, y, seguramente, de deseo de cambio y de mejora. La forma del libro, es decir, los tres estilos distintos, es otra manera de aludir a nuestras sociedades capitalistas, ya que cada poema alude a la idiosincrasia típica de las clases sociales del capitalismo, en su división a través del poder económico, conocidas como: clase media (primer poema), clase alta (segundo poema), y clase baja (tercer poema). Luego se verá, con respecto al fondo, que los discursos de base son los típicos de esas clases sociales.
Es cierto que muchos artistas han representado, de esta o aquella manera, a ciertas sociedades, pero lo interesante de este libro de Fogwill sería, entre otras cosas: que lo hace desde la poesía; que esta poesía es disfrutable en cuanto a placer estético, más allá del placer crítico; que utiliza tres poemas para aludir independientemente a cada una de las tres clases sociales del capitalismo de nuestros días; que alude al capitalismo de un país y fecha precisa (Argentina hacia fines del siglo XX), aunque también es posible descubrir cosas de otros países y/o de otras épocas, al menos compararlas; que a veces las reflexiones son tan importantes como cualquier otra parte del poema; y, por último, que se ha buscado y encontrado unidad, algo casi olvidado y relevante en poesía, pues los libros que iniciaron la poesía moderna, a saber, Hojas de hierba de Whitman, y Las flores del mal de Baudelaire, son libros que tienen unidad.
Durante todo este ensayo continuaré hablando en torno a estas dos unidades: la de la forma y la del fondo, desde perspectivas generales, puntuales, y hasta fragmentarias. Además, me detendré en características varias de un poema, aunque no estén relacionadas con los otros poemas (ausencia de unidad).
3. La misma clase social en lo ontológico
Esta es una idea que tengo hace tiempo, y ahora creo encontrarla en este libro de Fogwill, aunque tal vez sólo sea una posible deducción a partir de los poemas; la idea es esta: si bien es cierto que existen diferentes clases sociales en lo económico, también lo es que en la mayoría de los casos, al menos hoy en día, se trata de la misma clase social en lo ontológico, pues tienen la dificultad o imposibilidad de ser, es decir, que sus costumbres (cultura), son variantes o están rodeando al no ser. Aquí surgen una serie de preguntas que poco a poco intentaré clarificar y responder. ¿Qué es ser? ¿Qué es no ser? ¿Cómo se llega a ser? ¿Cómo se llega a no ser? ¿Se puede enseñar a ser? ¿Se puede enseñar a no ser? ¿Es preferible ser o no ser?
Luego veré qué nombre le es propicio a esta clase social, y a aquella o a aquellas que la acompañen, en cuanto a lo ontológico.
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Los peores enemigos del arte y el pensamiento
Los peores enemigos del arte y el pensamiento seremos siempre los propios artistas y pensadores; si logramos que nuestro comportamiento sea el adecuado, al menos el comportamiento de aquellos que dirigen el arte y el pensamiento, el resto de los enemigos, imposibilidades e inconvenientes que ahora hacen arduo, lento o erróneo el desarrollo del arte y el pensamiento, no serán, muchos de ellos, demasiado nocivos o peligrosos, y ninguno resultará indestructible. Aunque nuestro comportamiento sea el adecuado, siempre tendremos que considerarnos como los peores enemigos pasivos o al acecho. Desde que se tiene conocimiento de la existencia humana, aquellas personas que están capacitadas para pensar y crear, han modificado el universo, real o imaginario. Ya no es tiempo de culpar a los Estados, necios, vulgares, enemigos del arte y el pensamiento, pues es posible llegar al gobierno de ese Estado, o bien, hacer inútiles sus políticas necias y hostiles. El avance de las tecnologías, la facilidad de comunicarse, la posibilidad de movilizarse, reunirse, y hasta de huir o esconderse, son muchas. Tampoco es imposible conseguir el dinero y los recursos necesarios para desarrollar el arte y el pensamiento. Además, ciertos Estados se ocupan o quieren ocuparse para que el arte y el pensamiento crezcan. Por otro lado, es claro que si alguna vez el poder era unilateral, es decir, que lo tenía el Estado, ahora se trata de varios componentes que luchan por decidir. En muchos casos, las políticas de un Estado para con el arte y el pensamiento ni siquiera son corruptas ni hostiles, sino bien intencionadas aunque obtusas. Tampoco hay que culpar a los que no disfrutan o no comprenden o no les interesa el arte y el pensamiento. No todos podemos crear y pensar, o percibir esas creaciones y pensamientos.
No creo que crear y pensar tenga mayor valor que repetir y hacer. El que ocupa su lugar es tan grande como el más grande. Por eso, mientras los artistas y pensadores continuemos delegando o postergando el desarrollo del arte y el pensamiento, seguiremos siendo nuestros peores enemigos activos. Nosotros deberíamos dominar el mercado del arte y el pensamiento.
No siempre la demanda produce la oferta. No siempre hay que ceder o aceptar el discurso de los otros. El mercado del arte y el pensamiento, mayoritariamente, está ofertando y vendiendo lo feo, lo vulgar, lo obtuso, lo ajeno al arte y al pensamiento, pues, entre otras cosas, cree que es la única manera de aumentar o mantener sus ingresos económicos. Pero esto es un error; es un error de mercado y un error social, político, ético, etcétera. La gente puede acostumbrarse a consumir otras cosas. Los beneficios de un mundo civilizado son innegables; los perjuicios de un mundo como el que tenemos, también lo son. Lo que sucede es que hay que renovar el concepto de civilización (cuando algo se agota hay que renovarlo); lo que se ha aceptado hasta ahora como civilización. Esta modificación tiene en el arte y el pensamiento un eje central. Para una persona que puede crear, que puede pensar, que puede también repetir y hacer, y, por supuesto, amar o matar, ve como bárbaros a aquellos que no alcanzan ni siquiera a lo mínimo para ser una persona civilizada, según el presente y viejo concepto. Mientras se esté cómodo con lo viejo será difícil, no ya cambiar, sino buscar lo nuevo. Lo nuevo suele despertar objeciones. Quizá sea bueno que así suceda. Creo que hay que buscar el deseo para poder encontrarlo; creo que hay que actuar para tener la posibilidad de gozar.
No hay duda de que mientras sea posible avanzar en lo que creemos mejor, y mientras se pueda mejorar algo, habrá que mejorarlo, pese o gracias a todo. Tal vez el arte y el pensamiento nos puedan ayudar. Tal vez sea favorable que los artistas y pensadores comiencen a dirigir, a hacer algo, además de producir sus obras; no tanto para estar comprometidos con la sociedad (aunque esto no estaría mal o estaría bien), sino para que, inicialmente, su propia obra pueda favorecerse. De lo contrario, los discursos que acostumbran a promulgar (quejas, opiniones), ya sea para sí o para otros, con respecto a cómo hacer para que el arte y el pensamiento se desarrollen, no tendrán demasiada validez, pues nadie está obligado a ayudarlos, es decir, si quieren que les vaya mejor, hagan algo propicio (dejé de incluirme porque nunca lo estuve, era sólo un recurso retórico). Ante la pregunta de qué es lo propicio, habrá que reunirse a pensar, a probar actos concretos; dudo que desde el aislamiento se vaya a publicar una serie de libros que favorezcan a la literatura; dudo que desde el aislamiento se pueda hacer un programa de televisión o de radio, que, más o menos, tengan que ver con el arte y el pensamiento; dudo que desde el aislamiento se puedan realizar muestras, dictar clases, leer poemas en público, hacer y dialogar sobre y a partir de lo que nos interesa.
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Los artistas y pensadores que no nos satisfacen
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Escribe Martín Riva
creoquemartinriva@gmail.comAl plantear un discurso sobre una obra o un autor, hay que diferenciar lo que es o pertenece a la obra, de lo que es o pertenece al autor, dado que son cosas distintas, aunque en puntos específicos puede resultar beneficioso acudir al otro término, ya sea para el disfrute o la comprensión. Pero como aquí me refiero a la circunstancia de insatisfacción ante una obra o un artista o un pensador, y no a una obra o a un autor en particular, los agrupo pues la cuestión lo permite. Otra aclaración inicial: aludo a la satisfacción o insatisfacción como un placer o displacer relevante o considerable, y no como un placer o displacer absoluto o total, de duración parcial o sostenible hacia lo infinito (en el caso de que sean posibles tales cosas). Además, quiero señalar que los autores, en su mayoría, no buscan hacer obras de escaso valor, y, mucho menos, obras que no alcancen a satisfacer a nadie. No hay duda de que a veces sólo se busca satisfacer sin saber qué es el valor, y en otras oportunidades se hacen obras deliberadamente con escaso valor, para, entre otras cosas, llegar a determinado público o lograr objetivos concretos. Pongo de relieve que ya es bastante para ciertos autores el hecho de no poder alcanzar valores y/o satisfacciones; por eso, no me parece que haya que ensañarse o enojarse con estos autores.
Tal vez tengamos por mucho tiempo más (o para siempre) obras y artistas y pensadores que no alcancen a satisfacernos, y esto, en principio, no indica que carezcan de valor, sino solo eso: que no alcanzan a satisfacernos. Para hablar del valor de una obra o un autor es necesario abandonar la mera opinión y entrar en alguna variante de la opinión calificada: cuanto más coherente sea esta opinión, mayor calificación tendría o debería tener. Es corriente, al menos hasta hoy, que las opiniones tomen relevancia (prestigio) y/o fama (popularidad) según quién las realice, pero no deben confundirse estas dos cosas con la calificación. Tampoco deben confundirse la relevancia con la fama. La relevancia y la fama son aceptaciones por parte de un público en un ámbito y en una época; lo cualitativo y lo cuantitativo hacen diferenciar claramente a una de otra. Si el público aceptante conoce la actividad (lo cualitativo), se trata de relevancia; si el público aceptante es mucho (lo cuantitativo), se trata de fama. De acuerdo al ámbito y época de ese público, serán las características de la relevancia o de la fama. También hay que tener en cuenta que lo que es relevante y/o famoso en un ámbito y/o en una época, puede no serlo en otros ámbitos y/o en otras épocas. De esto se deduce o se afianza la idea de que lo mejor sería disfrutar y analizar las obras y autores sabiendo que la relevancia y la fama son aceptaciones ajenas si no se toman como propias, y que no hace falta tomarlas como propias. La indiferencia o el desconocimiento o el rechazo a conocer obras y autores es una respuesta posible y respetable, y hacer lo propio con las aceptaciones y opiniones ajenas, pero todo esto, seguramente, tendrá alguna influencia en nuestra identidad; entonces, habría que prestarle suma atención, sobre todo si es algo que nos interesa.
La difusión masiva de lo relevante produciría que el público masivo acepte esas obras y autores, o parte de ellas, o que la cantidad de este público no masivo vaya en aumento. No será la primera vez que una obra o que un artista o que un pensador logren relevancia y fama. Claro está, las causas de la aceptación o negación por parte del público ante una obra o un autor, no sólo están relacionadas con la difusión; pero, inclusive la relevancia está relacionada con la difusión, aunque sea para una sola persona. Una obra que no llegue a ninguna otra persona que no sea su autor, carece de la posibilidad de ser relevante y famosa. Varios ámbitos y épocas se han equivocado al aceptar o al no aceptar ciertas obras y autores, pero pareciera que si la obra o el autor tienen algún valor, tarde o temprano, serán apreciados. No creo que una obra o un autor con algún valor pase sin ser apreciado por todos los ámbitos y épocas, dado que nos parecemos más de lo que creemos, y es casi seguro que habrá alguien con afinidades, o que por alguna razón o motivo sabrá o podrá apreciar merecidamente o en alguna medida a esa obra o autor. Ahora bien: no es mi interés central que el público masivo tenga opiniones calificadas, ni que todos pertenezcan o estén cerca del arte y el pensamiento (el público masivo no es la totalidad del público). Creo que la diversidad de actividades es un bien, y, quizás, una constante inmodificable; sería erróneo, pues, pretender que no sea así. Me gustaría que se mantenga la diversidad de actividades pero coherentes. Muchos cometen el error de querer convencernos de que una actividad es favorable para todos, y llegan a decir o insinuar la nocividad de no ejercerla. Más allá de que esta diversidad sea un bien y una constante, no hay duda de que la vida de una persona (incluso una vida larga), termina siendo insuficiente para hacer todas o muchas de estas cosas con un mínimo de eficacia. Por lo tanto, habrá que continuar eligiendo entre todas esas cosas que son o nos parecen favorables, dejando de lado el resto, y disminuyendo nuestros gastos de energías en algunas.
Es lamentable pero permanece abierta la posibilidad de realizar nuevamente censuras execrables, como lo son la prohibición de obras y autores, y la persecución y muerte de hombres y mujeres que desarrollan el arte y el pensamiento. Es preferible este otro tipo de censuras: la indiferencia a obras y autores o a algunas obras y autores; la elección de obras y autores dejando de lado al resto; el análisis coherente de obras y autores de escaso valor y de escasa proyección satisfactoria para ciertos ámbitos y épocas (analizar coherentemente una obra o a un autor de este tipo llevaría a una manera de censura o negación al mostrar sus falencias y características ajenas al arte y al pensamiento).
No sabemos desde cuándo existe la insatisfacción en el arte y el pensamiento, o si ha existido desde que existe el arte y el pensamiento. Ni siquiera sabemos con precisión (y tal vez nunca lo sepamos) desde cuándo existen el arte y el pensamiento, ni si la insatisfacción ante una cosa cualquiera ha sido una creación del propio hombre, o si estaba ya con él o de dónde apareció. Lo que sí sabemos es que hay obras y autores que nos pueden satisfacer, como así también que nosotros podemos, en las obras y autores que no nos satisfacen, encontrar cosas que ahora no apreciamos o no sentimos, y, entonces, estaremos satisfechos, quizás, con lo que alguna vez no lo estuvimos. Por último, quiero aclarar que el placer o displacer estético (la mera opinión de lo percibido) es tan importante como el placer o displacer crítico (la opinión calificada de lo percibido), dado que son nuestras respuestas a estímulos. El placer o displacer crítico incluye al placer o displacer estético, respectivamente o no, pero no sucede lo mismo a la inversa. Dicho de otro modo, disfrutar de una obra sin analizarla es tan importante como disfrutarla con análisis.
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