Más escritos en www.martinriva.com.ar

  • Libertad y opresión
    Hace un tiempo recomendamos en nuestra revista Honorato la lectura de un ensayo de la filósofa Simone Weil que se llama Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social. Ahora lo publicamos acá dado que es un ensayo sumamente relevante para esta área pero también para el pensamiento en general.

    Leer este escrito
  • Adán Buenos Aires (Leopoldo Marechal): interpretación de Julio Cortázar
    Leopoldo Marechal había sido silenciado según cuentan por haberse hecho peronista, por haber escrito sobre el grupo de escritores de la revista Martín Fierro. Más allá de eso, al poco tiempo de la salida de su novela Adán Buenos Aires, uno de los pocos que escribió sobre él ha sido Julio Cortázar. Y no sólo escribió sino que se tomó el trabajo de postular y continuar de alguna manera con lo trasado por el propio Marechal. Se puede leer, claro está, la obra de Cortázar luego de haber conocido esta novela de Marechal.

    Les paso ese texto que escribió Cortázar hace ya muchos años pero que sigue siendo válido por distintas cuestiones, y no sólo literarias.

    www.lamaquinadeltiempo.com/cortazar/marechal.htm 

    Leer este escrito
  • Película de los hermanos Quay: "El afinador de terremotos"
    Título: 
    El afinador de terremotos


    Escribe Martín Riva
    creoquemartinriva@hotmail.com


    1. Introducción e historia


    Hace unos días vi El afinador de terremotos, de los hermanos Quay (Stephen y Timothy Quay). Anoto algunas de las primeras impresiones que me ha dejado la película.


    Dos amantes, que también son parte de una ópera, son interrumpidos mientras están en un encuentro erótico. Los interrumpe un asistente para llevarle unas flores a la cantante. Las flores provienen de una persona que había enviado otras veces esas atenciones. Luego, en la obra, los actores y amantes, que saben de la mirada del admirador, y a la que aluden, desarrollan sus papeles: ella canta; él está siendo llevado por un conjunto de niñas, con los ojos vendados, hacia una silla —silla que está unida por un camino de luces de velas en el piso hacia la cantante—. A la cantante, otra niña, desde lo alto, le deja caer flores. Pero la obra se interrumpe. Un terremoto. La cantante cae. Está muerta. El admirador llega y se la lleva, pero antes de irse, recoje un zapato de la cantante y le dice al actor y amante (Adolfo), que nunca oirá de nuevo ese canto. Luego estamos ya en la isla del doctor Droz (el admirador). En esa isla, que es también un hospicio, hay un grupo de hombres (pacientes), una mujer madura y bella (Assumpta, el ama de llaves) y unas máquinas creadas por el doctor (los autómatas). Y también está la cantante. Sí, la cantante muerta es ahora una mujer viva y loca. Mi bello Lázaro le dice el doctor Droz al revivirla, en un estanque de agua, en una tumba de agua, donde él camina lentamente hacia un beso que la trae de la muerte. Pero ese volver es atroz. La mirada de la cantante bella, joven y loca, así lo demuestran. Volver de la muerte es una salvación si se vuelve sin muerte, o si se vuelve sin la muerte de algo que es central para nuestras vidas. Hay una parte de la cantante loca que no ha vuelto. Y lo demuestra no sólo en su locura, sino en un constante mirar hacia el pasado o hacia la nada o hacia la muerte quizás, en un mirar sin vida casi, y en un constante llamar a su Adolfo. Y el afinador de pianos Felisberto Fernández llega a la isla. Había sido llamado por el doctor, pero al llegar se entera de que no hay ningún piano para afinar, sino que su trabajo será afinar, acomodar, hacer que funcionen mejor las máquinas creadas por el doctor: los autómatas. Los autómatas son una suerte de pequeños teatros, con muñecos, escenografía de falos, orificios, pelos, sangre: máquinas, con engranajes que parecen retroalimentarse, que representan una y otra vez su papel, como todos los autómatas, pero tienen además sueños de personas. El doctor tiene dentro de esos autómatas los sueños de las personas, quizá no de todas, pero sí de algunas. De a poco se irá apoderando de los sueños del propio Felisberto (quien posee los sueños posee la vida del otro quizás, por ejemplo, se apodera de un silbido —el silbido de un tango que Felisberto silba, porque no sabe cantar quizás—). En la historia aparecen muchas otras cosas, entre ellas los encuentros de seducción entre el ama de llaves (Assumpta) y Felisberto; el ir descubriendo una voz, que es la voz de la cantante, por parte de Felisberto (lo primero que conoce de esta mujer bella y joven y atrapada es su voz); luego están todas esas escenas llenas de significado, de belleza, de música, hasta llegar al punto donde Felisberto comienza a rechazar la anomalía de esta isla, y entonces el rechazo se convierte en lucha, en intromisión, en no dejarse atrapar por los juegos de un otro que es considerado enemigo, ni siquiera por los juegos de seducción de Assumpta. Y dentro de esta lucha, Felisberto es invitado a representar un papel en la obra donde canta esa mujer, que quizá él quiera curar, que quizá él quiera salvar. La obra se representa, y dentro de los invitados a presenciar la obra, está el propio Adolfo, que ve su propia historia, y en su papel está Felisberto. Se asombra Adolfo, se asombra Felisberto, se miran, se acercan, y cuando van a tocarse no pueden hacerlo, porque algo los separa. Están separados como por una pared invisible, por un vidrio que no deja que actores y espectadores se toquen o que personajes y personas se toquen. La desesperación de Adolfo de ver su propia historia, y no sólo su propia historia sino también —y sobre todo— de ver a su amada (la que oye tal vez ya no sea la que amó porque ya es otra), es narrada con gestos mudos, como en un sueño donde no se puede hablar y que nadie nos presta atención, más allá de nuestro mutismo o de nuestros gritos o intentos de gritos, como que nadie se da cuenta de lo que está sucediendo. Pero Felisberto algo nota, pues luego de mirarlo a Adolfo, y de no poder tocarse con él, se quita los atuendos de su personaje, se desprende de él, y va hacia la cantante. Y ocurre otro terremoto. Al doctor Droz le sale un cuerno de la cabeza, tal vez como un mostrar quién era en realidad, como un falo oculto, un poder oculto que se muestra. Pero Felisberto había desafinado a los autómatas, que se estaban apoderando de él, de ella (la cantante), y de todos quizás, con la idea de impedir ese apoderamiento. Pero no lo logra. Entonces, en la última escena de la película, la única que queda es el ama de llaves, que se acerca a un autómata, y mira, y dentro está Felisberto, con la cantante loca, en una reiteración rota (porque las máquinas habían sido trabadas o perjudicadas luego de ser afinadas por el propio Felisberto): sólo queda una reiteración de un acercarse, de algo que había pasado pero que ya no continuaría, de un paso trabado eternamente quizás. La escena que se repite es la de uno de los encuentros que ellos tuvieron, cuando ella estaba loca y él sin poder curarla ni salvarla aún.


    2. Los llamados y las respuestas a los llamados


    Podemos creer en lo explícito, que Felisberto ha sido llamado por el doctor para afinar a los autómatas, pero también podemos pensar que no ha sido llamado para hacer una sola cosa. Podemos pensar que se lo llama para hacer varias cosas. Podemos pensar que Felisberto está siendo llamado a afinar los autómatas (por el doctor Droz), pero al mismo tiempo que está siendo llamado para la seducción y sus posibles continuaciones (por Assumpta), o bien que está siendo llamado para formar parte de un andar también de automatismo (por los pacientes). Pero sobre todo me gusta pensar que está siendo llamado a salvar y poseer un espíritu y un cuerpo y una voz (por la cantante). Incluso podemos pensar, que así como el doctor Droz llama, como llama la cantante, y los otros pacientes, y el ama de llaves, tal vez el propio Felisberto esté llamando, pero: ¿a quién, y a qué? Inclusive pienso que todos han sido llamados a su vez por otros que no se logran ver. Tal vez el doctor Droz también haya sido llamado por alguien. Pero ahora bien: no necesariamente un llamado es un suceder cerrado. Existe la posibilidad de salirse, de rechazarlo, de mejorarlo, de hacer varias cosas mientras tanto. Al menos podemos pensar que así es, sin que nadie pueda comprobarnos lo contrario, del mismo modo que nosotros no podemos comprobar que esto es verdadero.


    Decía que tal vez el propio Felisberto esté llamando a alguien o a algo, y ese algo o ese alguien podría ser a la ruptura con el automatismo, a la ruptura con la muerte y la locura, al acercarse al canto, a la belleza, a la juventud, y a las simbologías de todo esto.


    Pienso también en el paciente que desaparece y es buscado, y que luego aparece ahogado. Este paciente parece alterar un orden. Tal vez represente que si no se puede luchar ni triunfar, al menos se puede salir del automatismo con el suicidio. Aunque no me parece la mejor opción, salvo en casos extremos (los casos extremos casi no existen).


    Por último, y esto es más tangible, todo parece tener un punto en común, que es la obra que se representa al final de la película, donde todos, de alguna manera u otra, son incluidos: los pacientes, la cantante, el doctor Droz, el ama de llaves, los espectadores, Adolfo, y, claro está, el propio Felisberto. Pero el problema que trae consigo el pensamiento casuístico es que una vez resuelta la obra, pensamos en los autómatas, y luego en el ama de llaves en la isla, y la isla en el mundo y así hasta el abismo o lo desconocido. El pensamiento casuístico no logra resolver ciertas cosas.


    3. La fatalidad sería el automatismo


    Al ver la película nos puede quedar la imagen concreta de que las personas podríamos ser el sueño de un dios o de una serie de dioses. Pero esto nos quitaría responsabilidades, entre otras características de una situación de este tipo. Lo que debería ser causa de interés sería el hecho de que tal vez existe la posibilidad de ser libres, y quedarse en el automatismo sería la verdadera fatalidad, ya que sería nuestra responsabilidad ese suceder: sería un afantasmarse —un afantasmarse inclusive sin divinidades. La fatalidad sería el automatismo, y no necesariamente ser el sueño de un dios.


    4. El poder como recurso


    Ser el sueño de alguien, ser el personaje, la marioneta de alguien, implica, en principio, que el otro tiene un poder sobre mí, pero al mismo tiempo hay casos donde ese poder puede ser contrarrestado o anulado. Y a veces las cuestiones se desarrollan a la inversa, es decir, los que tienen el poder sobre un otro somos nosotros. En ese ir y venir de los poderes se mueve parte de nuestras vidas. Una vez más hay que reiterar que el poder no es bueno ni malo, sólo es una posibilidad, un recurso para el bien o para el mal, para la belleza o la fealdad, para la justicia o la injusticia.


    Pensando en la película, y en mi vida y en la vida de muchos, es claro que el amor es una forma de poder, igual que el odio. El amor que tenemos sobre los otros, o que los otros tienen sobre nosotros, nos mantiene vivos o nos mata. Esto es válido para cualquier afectividad o poder.


    5. El papel del ama de llaves


    Por un lado pienso que es cierto que gran parte del poder lo tiene el doctor Droz, o, mejor dicho, que el que parece llevar adelante los sucesos es el doctor Droz. Pero la escena final, cuando es sólo el ama de llaves la que queda en escena, mirando al autómata donde ha quedado atrapado Felisberto y la cantante, me ha hecho pensar que ella también sería una suerte de dios, inclusive que ella era un dios bueno, por decirlo de alguna manera, y el doctor Droz un dios malo. También agregaría esa suerte de disputa que tienen en una escena entre el doctor Droz y el ama de llaves. En esa escena ella parece recriminarle, al propio doctor Droz, que él tiene un comportamiento maligno. Otra cosa que me hace reafirmar lo anterior, es que en el banco, frente al agua, cuando llegan los invitados a presenciar la obra, la que está sentada y con los ojos cerrados, como dormida, ya no es la cantante, sino el ama de llaves. Y en la cintura de su vestido se hacen visibles las llaves. Las llaves, claro está, sería el poder en su máxima expresión, aunque no necesariamente aluda a todos los poderes posibles. Puede ser una suerte de chiste silencioso casi que el ama de llaves sea la que haya estado dominando las circunstancias. Pienso esto por lo típico que resultaría decir que al final el ama de llaves era la dominadora, porque es un caso típico que el ama de llaves o el mayordomo sea el asesino, llegando a esta otra forma, que puede ser vista como un chiste sutil también, o, si se quiere, como una versión de esos finales típicos de las historias policiales. Otra escena que me resulta curiosa es cuando Felisberto le pregunta algunas cosas al respecto del doctor Droz al ama de llaves, y ella le responde algo así como que ella es su biografía viviente. Una biografía viviente me hace pensar en un dios hecho carne, en una mesías, en una parte humana de un dios o en un dios humanizado. No sé si es así, pero comparto con ustedes estas conjeturas.


    6. Variantes del final


    Podemos pensar que Felisberto y la cantante quedan atrapados en un autómata, pero también podemos pensar que sólo quedan atrapados allí sus sueños o su pasado, y que siguieron sus vidas, como nosotros creemos seguir las nuestras. Otro posible final hubiera sido tal vez si Felisberto afinaba realmente a los autómatas: quizá la historia hubiera sido otra, dado que al no hacerlo, queda trunco, como mínimo, el mecanismo del autómata donde se lo ve a él junto a la cantante —lo que no indica que estén realmente dentro del autómata—. La idea de ocupar nuestro lugar me parece central para entender esto, y otra idea que sumaría es que el universo ya está cuando llegamos, y quedará cuando nos vayamos seguramente, y que quizá sólo nos corresponda, como dije antes, ocupar nuestro lugar.


    7. Los afinadores de terremotos


    ¿Qué es un afinador de terremotos? ¿Qué significaría ser un afinador? ¿Qué significa un terremoto? Un terremoto es cuando se mueve la tierra, es decir, que el lugar donde estamos, se mueve, deja su aparente quietud para entrar en una convulsión o movimiento mayor al que se tenía. Y dejamos de hacer pie. Ahora bien: cuando comenzamos a interesarnos sobre ciertas cuestiones, dejamos de hacer pie, pues suceden los terremotos. Y aparece la confusión, si es que ya no estaba. Y entonces ahí aparece la tarea del afinador, del que pone en un mejor orden algo que ya estaba pero sin ese orden: un afinador sería un mejorador, un equilibrador. Dicho de otro modo, cuando perdemos la estabilidad que nos da ser un autómata, y empezamos a ser hombres, todos los anteriores valores se empiezan a remover, y es ahí donde tenemos que ser un afinador de terremotos, siempre en cuanto querramos vivir de un mejor modo. Ya se acostumbrará a vivir en la confusión, le dice el ama de llaves a Felisberto. Podría decirse, depende como se lo mire, claro está, que eso es más o menos lo que viene haciendo el hombre desde hace milenios: vivir en la confusión, aunque no todos se acostumbran ni son felices en ella.

    Leer este escrito
  • Cultura, contracultura y anticultura
    ,  
    Título:
    La contracultura que se convirtió en anticultura

    Por Martín Riva
    creoquemartinriva@hotmail.com

    Los artistas y pensadores y gestores que hicieron la mejor contracultura conocían lo que negaban o lo que querían replantear, que era la cultura o cierta cultura. En cambio, hoy en día, la contracultura es anticultura, entre otras cuestiones, porque los hacedores desconocen, en su mayoría, la cultura. Niegan lo que no conocen. No lo niegan porque se trate de valores establecidos, porque desconocen lo establecido. No niegan lo que está impuesto porque esté impuesto, sino desde la ignorancia como costumbre. Hay una educación de la ignorancia. Está por un lado el saber perdido o el saber que no se logra, que sería un modo inocente de desconocer. No es justo estar molesto con una persona que no ha recibido educación, tanto de su familia como de la sociedad. Pero ahora bien: muy distinto es el caso del que se educa en la ignorancia. Del que hace un esfuerzo diario para desconocer lo mínimo de la cultura que le toca vivir o la cultura que tiene relevancia directa en su vida, tanto porque la haya elegido para refutarla, como así también porque está relacionado más allá de sus preferencias. Hasta este punto es bastante permisible, aunque no del todo inocente. Pero estas personas se convierten en victimarios, en sicarios culturales, en cómplices de la opresión cultural, cuando se les explica lo que están haciendo pero persisten en reproducir la contracultura que se convirtió en anticultura. Lo nocivo no sólo es educarse en la ignorancia, sino propagarla. Si esta propagación se hace entre adultos maduros, es mala, pero si se hace entre personas jóvenes, es ya demasiado nociva. Vienen a cumplir la destrucción cultural que antes quedaba en manos de los opresores verdaderos. Los anticulturales o contraculturales son otros que destruyen la cultura creyendo que la construyen, o creyendo que la desconstruyen. Un opresor, a veces, en su visión, sale a quemar libros, a separar a las personas, a sembrar odio donde no hay más que confusión, confusión donde hay armonía, y todas esas maneras de la opresión cultural que va unida a muchas otras. Ahora eso también se encargan de hacerlo distintos sectores, no sólo los opresores, sino también los que se supone que no lo son. Un movimiento o emprendimiento anticultural o contracultural es todo esto y peor, porque se muestra como lo que no es, y trafica engañosamente con la esperanza de la juventud: una esperanza de poder ser libres, de poder ser bellos, justos, al menos la esperanza de vivir en mejores sociedades. Pero un grupo contracultural o anticultural no es ni puede ser nada de ello. Al menos hasta que no dejen de cometer los errores graves de su desarrollo.

    La contracultura convertida en anticultura no sólo no favorece la lucha contra lo peor de lo establecido, sino que además lo ahonda, y, lo que es peor aún, va en contra de lo mejor de lo establecido. El grado de ignorancia de estos hacedores contraculturales es, a veces, tan mayúsculo que, en muchos casos, hasta desconocen los nombres y las obras de los grandes representantes de lo contracultural a nivel mundial. Más de una vez pareciera que sólo se conocen entre ellos. Y para el arte y el pensamiento, esa manera de conocer, es decir, conocerse sólo entre sí unas pocas personas, es otra manera de hacer visible su vacío o poco contenido. Cuanto más lejos llegue la relación entre un área de la cultura o contracultura, en referencia a épocas y ambientes, más grande sería pues esa cultura o contracultura.

    Otra cuestión que se olvida casi siempre, es que la contracultura es, también, un movimiento cultural. Dicho de otra forma, la contracultura pertenece a la cultura, tanto cuando permanece como contracultura, como cuando pasa a ser aceptada y comienza a ser cultura establecida. De alguna manera la contracultura puede ser un paso hacia la cultura, aunque termina generalmente como anticultura. De todos modos, no creo que esas sean las intenciones de los hacedores contraculturales. Y, aunque supuestamente tienen una búsqueda, esa búsqueda no tiene resultados favorables, y en ciertas ocasiones ni siquiera llega a ser una tentativa firme. Queda claro, por lo tanto, que la posición de contracultura es dependiente de la cultura, y, sobre todo, de lo llamado cultura establecida, y, para ser más precisos, de la peor cultura establecida. Pero parece que esto último tampoco es tenido en cuenta por los hacedores contraculturales. Lo mejor de la contracultura podría ser que se gestiona pese o gracias a las situaciones económicas y sociales en general, es decir, que la contracultura es activa. Ese podría ser un punto favorable, pero no lo es, pues ser activo en lo nocivo hace que se pierda esa virtud del movimiento, del ser activo. Si la contracultura es ahora anticultura, cuanto más activos estén, más daño causarán.

    Otro modo de verlo sería el siguiente. No estoy diciendo que la cultura, establecida más o menos en cada época y ámbito tenga que ser respetada y cumplida en sus requerimientos sin negación, sino que la misma cultura nos ha demostrado que para poder negarla, refutarla, vindicarla o reformarla de alguna manera, o sólo para seguir adelante, necesitamos de su precursión, de su saber, de su historia, de su existencia conocida. Dicho de otro modo, que la misma cultura establecida deja una excepción a su regla para poder ser modificada. Negar la cultura es negar también esto, negar que la cultura nos dice que existió una construcción: una construcción sumamente valiosa para seguir adelante, y para no estar estancándose, o para no estar retrocediendo culturalmente.

    Si no se puede ser libre, al menos no se debe ser cómplice de la opresión. Pero tenemos que prestar atención al activismo de la opresión anticultural, ejercida en su momento por los opresores estatales, y, ahora, ejercida por los gestores contraculturales, entre tantos otros. La contracultura puede ser un poco mejor, aunque no esté dentro de mis preferencias a la hora de gestionar o crear arte y pensamiento. Los hacedores contraculturales deberían tener conciencia de todo esto. Hay muchos hacedores contraculturales que ni siquiera saben que lo son. Otros, en cambio, una vez cansados de los fracasos o modos de la contracultura, se pasan a la llamada cultura oficial, es decir, empiezan a trabajar para los espacios de cultura establecida —y valga aclarar que aludo a la peor parte de la cultura establecida—. Entonces, con la misma falta de formación que tenían para desarrollar lo contracultural, desarrollan luego la cultura oficial. Existen muchas otras críticas a lo contracultural, y quizá sus mejores resultados estén demasiado lejos de nosotros, pero si se trata de ser bien intencionados, lo mejor es pedirnos y aportarnos algunas verdades. Una manera de defender lo contracultural —si a alguna persona le parece necesario— es también una manera para defender lo cultural, que sería leer los clásicos de las diferentes literaturas, mirar el mejor cine, la mejor plástica, e ir sumando entonces formación en estas áreas y en otras, hasta lograr comprender lo cultural, y, junto a lo anterior, ir adquiriendo formación y desarrollo en las nuevas formas de expresión y gestión, aunque es claro que lo nuevo o lo viejo no alcanza para tener valor cultural o contracultural. Por último, no estoy pidiendo que se abandone la contracultura, aunque eso podría hasta ser un logro de su parte, sino que si han elegido ese tipo de desarrollo, lo hagan de un modo que aporte a lo que supuestamente buscan aportar. De hecho, este escrito forma parte de un llamado de atención para esa mejora, es decir, mi respuesta a la situación es aportar para una evolución.

    Leer este escrito
  • Ensayo sobre Néstor Perlongher y su cuento "Evita vive"
    Publiqué en mi blog Creo que Martín Riva, y en otros lados, el ensayo sobre Néstor Perlongher y su cuento "Evita vive". Les dejo el enlace directo a la nota. Me gustaría a su vez poder hablarlo en el programa de radio que tenemos. Quizá uno de estos días podamos. Aunque para leerlo en voz alta ya es más compleja la cuestión, dado que el programa sale a las 16 horas de Argentina y el cuento tiene un lenguaje explícito.

    www.creoquemartinriva.com.ar/2009/10/nestor-perlongher-ensayo-sobre-su.html 

    Leer este escrito
  • Reflexión sobre August Strindberg
    Les paso una reflexión sobre August Strindberg, compartida por Mario Torres Molina. "Es fascinante la analogía hecha con el tema de una composicion musical, si uno observa con cuidado el texto, ve como es aplicado este recurso de repetir, elaborar un tema/idea, re-elaborar."

    www.durantelafiesta.blogspot.com/2009/11/august-strindberg.html 

    Leer este escrito
  • ¿QUÉ ES UN ENSAYO? ESCRITO DE MARTÍN RIVA
    Montaigne, creador del ensayo

    Hay distintos tipos de ensayos, pero en sí el creador de los ensayos, de esto que ahora conocemos como ensayo, que es un género de escritura, ha sido el francés Miguel de Montaigne, y lo hizo hacia el siglo XVI, con su libro Ensayos, cuya influencia llega hasta nuestros días, y seguramente continuará, y cuyas influencias hacen que sea uno de los precursores, entre otros, de Shakespeare y de Voltaire. Si bien es cierto que hoy en día leemos o decimos que ciertos escritos anteriores a Montaigne son ensayos, en su momento no eran considerados de este modo: eran diálogos, discursos y otras cosas, pero no eran ensayos desde su perspectiva temporal, sino que a partir de Montaigne renombramos o reubicamos a esas obras dentro de este género.

    Montaigne, lo que hace, entonces, entre otras cuestiones, es crear un género de escritura. Un género que terminó ocupando distintas áreas. Porque ahora podemos agrupar, luego de Montaigne, aunque fuera hacia antes de Montaigne, ensayos literarios, filosóficos, biográficos, pedagógicos, históricos, y hasta puede pensarse que todas o casi todas las disciplinas existentes y por existir pueden tener su tipo de ensayo. Un ensayo es, centralmente, un escrito reflexivo. Hay ensayos dialogados, narrativos, poéticos. También pueden variar los soportes y modos de abordar la cuestión del ensayar. Pero sumado a estas características, además de la cuestión reflexiva, lo que hace que un ensayo sea y lo que hace que no lo sea, tal vez, en muchos casos, sigue siendo eso que Montaigne creó o potenció: la idea de abordar la cosa no sólo por la cosa misma sino para que en la cosa se encuentre al sujeto. Dicho de otro modo, Montaigne no habla de literatura, filosofía y muchos otros temas solamente y fundamentalmente para pensar de manera coherente lo que aborda, sino para encontrarse y mostrarse a sí mismo. Aquí aparece la diferencia fundamental con otros escritos similares pero no iguales, por ejemplo, los escritos que desde nuestra perspectiva podemos o solemos encuadrar como ensayos, o escritos posteriores, pero que central y fundamentalmente, lo que buscan, a diferencia de Montaigne, es pensar la cosa y no tanto darse a conocer sus autores. Con esto no quiero decir que Montaigne dejaba de lado la búsqueda de la coherencia, la estética y la ética, sino que su prioridad estaba en conocerse y mostrarse a través de sus escritos. Por supuesto que ha logrado muchas veces la coherencia, la belleza y aportes éticos y culturales.

    Tal vez con la cita próxima podrá comprenderse y verificarse mejor lo que dije anteriormente. Escribe Montaigne (Ensayos, II, X: "De los libros"): "Sin duda hablo a veces de cosas que han tratado mejor y con más verdad los maestros de los respectivos oficios. Yo aquí me limito a ensayar mis facultades naturales y no las adquiridas, y quien me coja en ignorancia nada hará contra mí, porque nada alegará otro sobre mis discursos que no me haya alegado yo; y añado que no estoy satisfecho de ellos. Quien ande en busca de ciencia, cójala donde se aloje, que yo no profeso tenerla. Éstas son solamente mis fantasías, con las que no pretendo hacer conocer las cosas, sino hacerme conocer yo."

    Decía que pienso en otros soportes y modos de abordar la cuestión del ensayar, y el propio Montaigne escribió al respecto (Ensayos: III, V: "Sobre los versos de Virgilio"): "Si hay en Francia, en los campos, en la ciudad o donde fuere alguien que, sosegado o errático, coincida con mis humores, avíseme e iré a procurarle Ensayos en carne y hueso."

    Por un lado, este fragmento, más lectura de la obra de Montaigne, me hace pensar en lo muy alejado que se encontró en ciertos momentos de ambientes favorables a la reflexión, a la empatía cultural, pero por otro lado, que el ensayar, también, como otras actividades, es una manera de ordenar, pensar, crear, refutar, vindicar, fantasear, de conocerse a sí mismo, y darse a conocer a otros, y este darse a conocer a través de un escrito, que es también un diálogo, podría pasar a otros modos y soportes. Por lo tanto todos podemos ser ensayistas si bien se mira. Recuerdo que en su momento decía, a modo de chiste, que la culpa de que existan tantas opiniones la tiene Montaigne, que fue quién inventó la opinión. Este chiste postulaba que a partir de Montaigne pareciera que se hizo válido el hablar sobre una cosa para hablar de sí mismo, y que la ignorancia o conocimiento casi paso a ser un tema secundario. No estoy afirmando lo que digo, sino sólo aludiendo al mal social del exceso de opinión descalificada que nos toca vivir en nuestras sociedades, llena de mediatización y comentarios repetitivos, superfluos, equívocos, feos. Es claro que existe el derecho a hablar sin saber, el punto es que se ha ido expandiendo esta costumbre hasta llegar el exceso nocivo de quitarle los espacios propicios para los que sí podrían hablar con el conocimiento de la cosa. Por último, al respecto de esto, vale decir que muchos de los que se muestran a través de sus reflexiones, nos muestran su escasa formación cultural, su brutalidad, su agresividad innesaria, lugares nocivos del pensamiento, su falta de ética, su alejamiento de mejores construcciones sociales e individuales, etcétera, etcétera. Y no podemos hacer responsable a Montaigne de ello, y que sólo era el comentario de un chiste dicho al pasar.

    Queda claro pues que un ensayo es relevantemente un hacer reflexivo, y que se puede abordar desde distintos soportes y desde distintas maneras, y que existen como mínimo dos grandes grupos: los que buscan encontrar el valor verdadero de la cosa o los que buscan expresar al sujeto. Tal vez exista una tercera generalización que es la que busca y logra ambas, es decir, la que analiza coherentemente a la cosa pero que al mismo tiempo expresa al sujeto, y viceversa. Y, que el ensayo es un género de escritura pero también una actividad que puede trascender la escritura, y llegar a la presencia del cuerpo, de lo visual, de lo sonoro, y relacionarse y potenciarse con otras costumbres, artes y ciencias.

    Leer este escrito
  • Colección de cuadros del Malba
    Miércoles 31 de octubre (y todos los miércoles), de 12 a 21 horas.

    Entrada gratis (
    ver el resto de los días en el site de Malba).

    Malba: Av. Figueroa Alcorta 3415, Ciudad de Buenos Aires.

    Altamente recomendado!

    "Malba presenta una puesta de su colección permanente en la que se destacan las 130 piezas de arte latinoamericano, donaciones, adquisiciones recientes y obras cedidas en comodato.

    El recorrido abarca desde principios del siglo XX hasta los años 70, incluyendo artistas de la Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Venezuela, México, Colombia y Cuba.

    La selección propone cuatro núcleos básicos: las diferentes variantes de las modernidades y las vanguardias latinoamericanas de los años 20 (Pettoruti, Xul Solar, Barradas, Torres-García, Do Amaral, Rivera); un conjunto de pinturas de los años 30 y 40 que muestra la diversidad de los surrealismos y la afirmación del debate arte/política como eje de producción y reflexión (Berni, Portinari, Matta, Lam, Kahlo); un tercer sector exhibe las tendencias abstractas y concretas que se desarrollaron en la Argentina, Brasil y Venezuela, desde el arte Madí hasta el cinetismo; la última parte está dedicada al arte contemporáneo con obras de la nueva figuración, el pop, el conceptualismo y el minimalismo de los 60 y 70 (Ferrari, de la Vega, Grippo, Clark, Oiticica, Caldas, Gego."

    Contacto:
    4808-6500
    4808-6598/99
    info@malba.org.ar
    www.malba.org.ar

    Leer este escrito

Gracias por visitar nuestro sitio

Visitá www.agendacapital.com.ar

Ensayos de literatura

Blog editado por el escritor Martín Riva: ensayos literarios y reflexivos en general